jueves, 29 de diciembre de 2011

Un vino para cada plato

Dado que el vino forma parte de nuestra vida y de nuestra historia, no podemos dejar de pensar sobre cómo podemos combinarlo con la cocina. El casamiento de ambos elementos es un arte y una tendencia entre los actuales consumidores, cada vez más informados de cómo lograr este matrimonio con la mayor elegancia y armonía. Una delicia gastronómica sin un amigo fiel como el vino que lo acompañe, no será lo mismo. Para ello, no hay que olvidar que el gusto y el aroma del vino refuerzan o destrozan, si la combinación ha sido desafortunada, el sabor de los alimentos que ingerimos. En virtud de que el maridaje sea exitoso existen algunas reglas, aunque yo prefiero llamarlas sugerencias:

 

Para los vinos blancos secos, ligeros y frescos, aquellos de aroma leve, poco cuerpo, frescos y levemente ácidos, las mejores comidas son los aperitivos, las pastas con salsa de mar, los pescados y mariscos fritos, un salpicón de mariscos con vinagre y oliva, una mousse de mariscos con crema de camarones o un filet de lenguado al limón. Este es el caso de vinos como Chardonnay sin madera, Semillón, Chenin o Riesling.

En el caso de aquellos blancos bien aromáticos y levemente secos, como un Torrontés, un Traminer, el Sauvignon Blanc o Viognier, las mejores comidas para combinarlos serán los pescados ahumados o a la plancha, con guarniciones livianas, algunos fiambres ahumados, quesos aromáticos de sabor intenso, comida asiática o mexicana, empanadas picantes y hasta algunos platos especiados o con muchas hierbas.

También están los vinos blancos con cuerpo y estructura, aquellos vinificados con concentración de aromas, fermentación en barrica, maceración pelicular o añejamiento en roble. Para ellos, las comidas mejor combinables son las paellas y risottos, los quesos de pasta semiblanda, el pollo saltado o asado, el cangrejo o la langosta.

A la hora de los tintos, en primer lugar nos encontramos con aquellos vinos elegantes, de cuerpo medio, aterciopelados, con taninos medianos, amables y frutados. Algunos ejemplos podrían ser el Pinot Noir, Sangiovese, Merlot o Bonarda y para ellos nada mejor que los quesos semiduros, los solomillos de ternera o cordero a la pimienta, las aves o carnes a la manteca con ajo y hierbas, las costillas de cerdo o la cazuela de ternera.

Por último, están los vinos tintos con gran cuerpo y estructura, los más fuertes, de taninos marcados y gran persistencia. Este el grupo de los Cabernet Sauvignon con o sin roble, los grandes Malbec con o sin madera, o los Syrah. Estos vinos son ideales para acompañar comidas como quesos de pasta dura, pastas rellenas, carnes de caza y salsas elaboradas.

A cada plato, su vino y a cada vino, salud!

Marina La Forgia

1 comentario:

  1. En nochevieja con los amigos nos preparamos unos buenos entremeses y un buen entrecot para cenar, por supuesto lo acompañamos un buen tinto, un Matarromera prestigio y tuvimos una cena genial!!

    ResponderEliminar