viernes, 11 de noviembre de 2011

“Torrontés, no la comas ni la des, que para buen vino es”

Junto con el Malbec, el Torrontés es el cepaje que más representa al vino argentino. Si bien sus orígenes deben rastrearse por Europa, más precisamente por España o Grecia, es por latitudes sudamericanas donde se da de mil maravillas, obteniendo como resultado vinos diferentes, altamente frutados y de un sabor muy especial.
Sin lugar a dudas el vino Torrontés es uno de los más atractivos, aunque es cierto que es uno de los menos consumidos. No es de los más sofisticados, ni de los más delicados. Esta cepa blanca posee una fuerte personalidad que la hace inconfundible y que quizás despierte en los consumidores el amor o el odio.

Puertas afuera, al igual que el Malbec, el Torrontés se convirtió en la cepa blanca argentina emblemática, con gran presencia en el mercado externo. Según estadísticas es la variedad blanca que más se vende al mercado asiático, que atrae sobremanera a los brasileños y que ha obtenido numerosos premios internacionales.
Con una intensidad aromática muy particular, en donde prevalecen las frutas como el durazno o la naranja, las flores como la rosa o el jazmín, y algunas especias como el clavo de olor, se ha desarrollado con excelencia en Salta, La Rioja, Mendoza, San Juan y Rio Negro. De cada una de estas zonas tenemos exponentes diferentes, absolutamente distintos a los de otras regiones del mundo. Existen tres variedades de Torrontés plantadas en nuestro país: el riojano, el mendocino y el sanjuanino. En Salta, en tanto, la variedad existente es la riojana.
La mayor virtud del Torrontés es la combinación de notas voluptuosas y envolventes con una agradable frescura y un final de boca franco y prolongado. El equilibrio entre su acidez y la fruta lo hace aparecer en boca como un vino dulce, pero en realidad no lo es; es un vino seco y refrescante, de gran particularidad. Y si de mejor lugar se trata, es en Salta donde esta uva ha encontrado su mejor terruño. Allí, en el Valle de Cafayate, a más de 1700 metros de altura sobre el nivel del mar, crece el torrontés de manera tal que pueda expresar sus más altas cualidades. Es por eso que esta zona se ha institucionalizado como la capital de esta cepa y es aquí donde todos los años se conmemora su Fiesta, en el mes de noviembre, siendo un paraíso para catadores y degustadores.
También a la vista, se trata de un vino sumamente atractivo. Cuando es joven, el vino torrontés se presenta color amarillo verdoso, con algunos tintes dorados que irán evolucionando a medida que madure. Si bien es un vino ideal para beberse joven especialmente en verano, en un buen envejecimiento cambian sus colores, pero sus aromas y su sabor se redondea en un perfecto equilibrio entre la flor y la fruta.
En la Argentina es entonces donde el torrontés encontró su paraíso y por ello da los vinos de esta variedad más exquisitos del mundo. Parafraseando a los conquistadores españoles que trajeron esta cepa a estas tierras no podemos más que repetir: "Torrontés no la comas ni la des, que para un buen vino es".

Por Marina La Forgia

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